Para Daniela Vergara, profesora de flauta, el Núcleo Naiguatá no es solo una edificación, es el lugar donde a los ocho años, su mundo cobró sentido entre el cuatro y las campanas. Sin embargo, su verdadera voz nació en 2009, cuando la flauta traversa la enamoró a primera vista, transformando el estudio técnico en la expresión más pura de su alma.
Esa misma pasión la llevó a representar a Venezuela en Panamá y Cuba, vivencias que expandieron su horizonte y reforzaron su compromiso artístico.
«Trabajar en el mismo lugar que me formó y me vió nacer como músico ha sido una experiencia maravillosa y gratificante. Formar a nuevas generaciones es una misión que renuevo cada día«.
Hoy, mientras continúa su excelencia académica en el Conservatorio Simón Bolívar, se entrega con devoción a las cátedras de Iniciación Musical y Flauta. Para ella enseñar no es un trabajo, sino una misión de gratitud hacia la música, ese lenguaje eterno que siempre la hace sentir en casa.